Un desarrollador comparó el diagnóstico humano de su resonancia con Opus 4.8.
La clínica informó una rotura parcial; la IA dijo que el hombro estaba intacto.
Convertido en ‘médico’ en Claude Code, el modelo procesó los DICOM y no vio la rotura.
Incluso tras desplegar subagentes independientes, el veredicto de la IA fue unánime: no hay ruptura.
La discrepancia desató debate: más datos no garantizan mejor diagnóstico.
Los modelos son ‘amables’ y pueden alimentar el sesgo de confirmación en temas médicos.
Radiólogos alertan: falta de bases de datos públicas y entrenamientos limitan la precisión.
Hay un problema jurídico: si la IA falla, ¿quién asume la responsabilidad?
La IA puede ayudar, pero aún está lejos de sustituir a expertos clínicos en casos críticos.
El paciente sigue en el limbo: confiar en otra opinión médica o esperar la evolución.