Drones equipados con gas pimienta, luces estroboscópicas y la capacidad de embestir buscan frenar tiradores en colegios de EEUU.
Un programa piloto instalará cajas con drones de Mithril Defense en nueve centros de tres estados para una respuesta inmediata.
Profesores tendrán un botón del pánico; pilotos remotos en Austin volarán los aparatos durante los primeros segundos críticos.
La empresa asegura que son sistemas no letales y que pueden neutralizar agresores en los primeros 120 segundos de un tiroteo.
El programa costará alrededor de medio millón de dólares por estado en las pruebas iniciales, una inversión polémica.
Surgen dudas sobre falsas alarmas, errores de identificación y el riesgo de que alumnos inocentes resulten dañados.
Los drones dependen de conexión Wi‑Fi y podrían fallar por latencia o ser vulnerables a hackeos, advierten expertos.
Intentos anteriores (como los de Axon) enfrentaron crisis éticas y renuncias por miedo a consecuencias imprevistas.
Críticos dicen que el dinero va a empresas privadas cuando medidas básicas como controlar accesos han demostrado eficacia.
La iniciativa abre un debate incómodo: ¿protege la tecnología a los colegios o introduce nuevos riesgos y dilemas éticos?